La Academia de Historia del Magdalena precisó que las estructuras mencionadas por un asesor del ICANH son vestigios plenamente documentados desde hace décadas y forman parte de un proyecto patrimonial en marcha para proteger y poner en valor la herencia fortificada de la ciudad.
La Academia de Historia del Magdalena, ante las recientes afirmaciones del señor Carlos del Caído, asesor del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), difundidas en medios locales y nacionales sobre un supuesto “inédito hallazgo para la historia de Colombia en el mar de Santa Marta”, se permite aclarar con todo respeto lo siguiente:
No se trata de un hallazgo inédito
La existencia y localización de los restos de los fuertes de San Juan de las Matas y de San Vicente es de pleno conocimiento histórico. Estas obras levantadas en la playa de la bahía de Santa Marta en el siglo XVII, se encuentran a unos cuatro metros de profundidad y a noventa metros del borde actual del camellón. En dirección a las calles San Antonio (20) y San Vicente (11) respectivamente. Ambos fuertes fueron desechados del sistema defensivo del puerto en la segunda mitad del siglo XVIII.

Transformación de la bahía
Con las primeras obras de infraestructura portuaria a inicios del siglo XX, la morfología de la bahía se alteró de manera significativa, generando un proceso paulatino de erosión de la playa que dejó sumergidas las ruinas en el mar Caribe. Estas han sido perceptibles desde hace décadas para quienes practican buceo recreativo en la zona.
Rescates previos. En 1971, el buzo samario Rafael Cortés Johnson rescató del sitio dos cañones de hierro, varias empuñaduras de espadas y una caja de arcabuz, lo que ratifica que no se trata de un hallazgo desconocido ni mucho menos reciente.

Propuesta patrimonial en curso
En la última sesión de la Comisión Preparatoria del Quinto Centenario de la fundación de Santa Marta (5 de junio de 2025), la señora ministra de las Culturas, las Artes y los Saberes, Yannai Kadamani, se refirió a la integración de playa Lipe con la recuperación del fuerte de San Fernando. La Academia complementó esa iniciativa con la propuesta de creación del Paisaje Cultural Fortificado de la Bahía de Santa Marta, para su declaratoria como Bien de Interés Cultural del Ámbito Nacional.
Este proyecto contempla la protección y puesta en valor de:
Los fuertes de San Fernando y de la isla del Morro.
Los vestigios del fuerte de San Antonio.
La referencia histórica de la ubicación del fuerte de Betín y la antigua vigía.
Los restos sumergidos de San Juan de las Matas y San Vicente, que podrían ser señalizados con boyas o plataformas para promover el turismo subacuático.
Esta propuesta se articula con la actualización del Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) del Centro Histórico de Santa Marta, sugerida a la Dirección de Patrimonio y Memoria, cuya directora, la arquitecta Mónica Orduña, consideró válida la inclusión en la ampliación del área de influencia de este Bien de Interés Cultural.
Reconocimiento al ICANH. La Academia valora el interés del Instituto Colombiano de Antropología e Historia en la investigación del patrimonio cultural sumergido de la ciudad, reconociendo la importancia de tales estudios en el marco de la implementación del Paisaje Cultural Fortificado de la Bahía de Santa Marta. Igualmente, se invita a profundizar en investigaciones sobre el naufragio avistado por buzos en el canal entre El Morro y El Morrito, de gran potencial histórico.

Santa Marta, septiembre 22 de 2025
ÁLVARO OSPINO VALIENTE
Presidente
Fortificaciones de Santa Marta en el siglo XVII
(Tomado de la investigación del arquitecto Álvaro Ospino Valiente, “Análisis tipológico y morfológico de las fortificaciones de la ciudad de Santa Marta”, Colcultura, 1993)
La rivalidad entre España y las potencias europeas —Francia, Inglaterra y los Países Bajos— por el monopolio comercial de las Indias generó repetidas agresiones de piratas y corsarios contra Santa Marta. Solo en la segunda mitad del siglo XVI la ciudad sufrió alrededor de veinte ataques, lo que obligó a las autoridades coloniales a levantar fortificaciones para proteger la bahía y evitar desembarcos enemigos en su extensa playa. Sin embargo, además de la amenaza de corsarios, las mayores dificultades para la defensa provenían de los temporales y mares de leva, cuyos embates, en época de huracanes, debilitaron las fortificaciones hasta provocar su desaparición del sistema defensivo.
El fuerte de San Juan de las Matas (1602)
Construido por el gobernador Juan Guiral Belón en 1602, fue la primera defensa levantada en la playa. Su traza, pertenece a la escuela italiana de fortificación, adoptaba la forma de una estrella de cuatro puntas, semejante al hábito de San Juan, que deja apreciar la influencia del período estilístico renacentista con principios abaluartados. Se componía de una explanada con parapeto para batir “a flor de agua” y un pequeño edificio destinado a cuarteles y almacenes. De dimensiones modestas y poco porte bélico según los tratados militares de la época, resistió por más de cuarenta años con cuatro culebrinas de cobre (más tarde robadas por el corsario neerlandés Adriáen Janzoon Pater). Fue destruido durante el asalto del inglés William Goodson en 1655, pero posteriormente reconstruido en varias ocasiones:
- Pedro Gerónimo Royo reparó cuarteles, almacenes y cisterna.
- Cristóbal Vélez Ladrón de Guevara añadió un puente de acceso.
- José de Andía en 1729 reforzó cuarteles y parapetos.
- Antonio de Arévalo (1743) propuso nuevas mejoras —atroneramiento de parapetos, arreglo de cuarteles y construcción de un foso—, que nunca se ejecutaron, marcando su declive definitivo.
El fuerte de San Vicente (1644)
Ordenado por el gobernador Vicente de los Reyes Villalobos en 1644, fue inicialmente una fortaleza rectangular con parapeto atronerado y seis cañones orientados al mar.
- En 1655, William Goodson lo destruyó, pero fue reconstruido por Salvador Barranco, quien amplió la explanada como plaza de armas, levantó un cuartel para diez soldados y reforzó la artillería con piezas provenientes de la abandonada explanada de Betín.
- En 1667, el ingeniero Francisco Ficardo lo amplió con ayuda del vecindario, añadiendo una estacada, muros con traveses, foso húmedo y puente levadizo.
- Posteriormente, Vicente Sebastián Maestre incorporó una “punta de diamante” artillada con tres cañones, denominada Punta de San Sebastián.
- Tras los ataques por las abras de Santa Ana, Ignacio Espinosa agregó en 1680 un bonete en forma de media luna con dos cañones, conectando la defensa con la plaza de armas y la punta de diamante.
- En los años siguientes, Royo, Vélez y Andía repararon el foso, la media luna y los cuarteles.
- Después del informe de Arévalo (1743), el fuerte dejó de recibir mantenimiento y desapareció del sistema defensivo en la segunda mitad del siglo XVIII. Sus ruinas sirvieron
como base para la batería de Santa Bárbara a inicios de la República y como mercado de carnes y pescado en 1836 hasta la construcción del mercado público en 1881.
Un episodio singular (1683)
El 15 de julio de 1683, el obispo Diego de Baños y Sotomayor ordenó vigilar una nave sospechosa que había entrado al puerto con el pretexto de abastecerse de agua. Al verse descubiertos, sus tripulantes izaron anclas apresuradamente, siendo despedidos con nutrido fuego desde las fortificaciones. Este relato permite dimensionar cómo los fuertes de San Juan de las Matas y San Vicente fueron piezas modestas y vulnerables en la defensa del puerto de Santa Marta, hasta su desaparición en el siglo XVIII.