Martes 24 de Febrero de 2026 – 12:48pmHan pasado más de tres semanas desde que el puente sobre el río Mendihuaca colapsó, el pasado 3 de febrero, tras una creciente provocada por un frente frío en la parte alta de la Sierra Nevada de Santa Marta. Desde entonces, la Troncal del Caribe quedó fracturada y, con ella, la economía de la franja turística y comercial entre Santa Marta y La Guajira.
Seguimiento.co recorrió la zona este lunes y constató una realidad marcada por negocios cerrados, movilidad restringida y un comercio que sobrevive a punta de transbordos, sobrecostos y desplazamientos laborales.
Turismo en pausa y economía en caída
En Puerto Nuevo y sectores aledaños, el impacto se siente con fuerza. Jimmy Díaz, habitante del sector, resume el panorama:
“Pésimo. La verdad que de que el puente colapsó, la economía colapsó también. De todas maneras, siempre este pueblo se mueve con mucho turismo”.
Según relata, tras la emergencia el flujo de visitantes se desplomó por el temor a cruzar la zona afectada y por versiones que circularon en redes sociales sobre un posible colapso total de la estructura.
“Apenas cayó el puente, el turismo se retiró una cosa impresionante, pues la gente le da mucho miedo cruzar por el puente y hay muchas redes que dijeron que el puente se iba a caer del todo, entonces hay mucha gente que también se apartó”.
Aunque se anunciaron obras para instalar un puente militar, la comunidad cuestiona la demora en la intervención.
“Prácticamente si le hubieran echado mano desde el principio, ya este puente lo hubieran hecho y lo hubieran terminado; lo que pasa es que duraron 12 días sin tocar el puente, o sea, duraron mucho, mucho tiempo”.
Actualmente, los vehículos solo llegan a cada uno de los extremos del puente y, de ahí, las personas tienen que descender y atravesar a pie la estructura que quedó, mientras las autoridades trabajan en un “terraplén” como medida provisional.
Comerciantes, entre sobrecostos y transbordos
El impacto no solo golpeó al turismo. Vendedores que dependen del tránsito constante de viajeros y transportadores también reportan pérdidas y mayores gastos.
Betty, comerciante que se abastece desde Riohacha y vende en la zona, explica que la ruptura de la vía alteró toda la dinámica comercial:
“Bastante nos ha perjudicado a todos de la Troncal (…) Todos los negocios están cerrados, no hay vida por la vaina del transporte”.
El aumento en los costos de traslado obliga a ajustar precios, aunque —según afirma— intentan no trasladar todo el incremento al consumidor:
“Sí se aumentó, pero hay muchas personas que preguntan por qué tan caro. No tan caro, o sea, no se le aumenta mucho”.
La modalidad de transbordo implica pagar varios trayectos y cargar mercancías en carretillas o motocicletas para cruzar de un lado a otro del río, lo que reduce el margen de ganancia.
“En un transbordo lo que hay es que ir pagando, lo tienen que llevar las cosas en las carretillas, en las motos. Ya es otra platica que ellos están sacando (…) se vende, pero no con lo que se debe vender”.
Además, señala que no han recibido apoyos directos:
“Han venido de la Gobernación, pero apoyo para nosotros no; apoyo será para el puente. Para nosotros no han dado ayuda ni nada y necesitamos ayuda”.
“Desplazamiento laboral” por falta de ingresos
William, vendedor que tenía su negocio en Buritaca, asegura que la caída del puente lo obligó a trasladarse para intentar sostenerse económicamente:
“Yo tengo la venta en Buritaca y me ha tocado desplazarme para acá porque ya no se podía trabajar, no había turismo, no había personal. O sea, había una soledad, era como si fuera otra pandemia, no hay nada de donde agarrar plata”.
Describe la situación como un “desplazamiento laboral” forzado por la falta de ingresos:
“Estamos desplazados aquí en un desplazamiento laboral para poder subsistir porque si no, no tenemos plata”.
Obras en marcha, pero con reloj en contra
De manera paralela, el Instituto Nacional de Vías (Invías), la Gobernación del Magdalena, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo y el Ejército Nacional adelantan trabajos para habilitar un paso provisional, mientras avanzan en la instalación de un puente militar, cuyo montaje podría tardar entre 30 y 45 días.
Mientras tanto, sectores productivos como el bananero reportan pérdidas millonarias por los desvíos hacia Valledupar, Bosconia y Fundación, lo que incrementa los tiempos y costos de transporte hacia el puerto de Santa Marta.
En el territorio, sin embargo, la prioridad inmediata para muchos no es solo la infraestructura, sino la supervivencia diaria. Entre maquinaria y anuncios oficiales, la economía local sigue en pausa, esperando que el nuevo puente no solo conecte dos orillas, sino que reactive el pulso comercial de toda la Troncal del Caribe.
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Fecha de Publicación: lunes, 23 de febrero del 2026