En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y les dijo: «OÃdme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oÃdos para oÃr, que oiga».
Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discÃpulos le preguntaban sobre la parábola. Él les dijo: «¿Asà que también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?» —asà declaraba puros todos los alimentos—. Y decÃa: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre».
Reflexión: Jesús nos enseña que el valor real no reside en el oro, los palacios o la observancia ritual. Por eso estamos invitados a buscar la sabidurÃa divina que purifica el corazón para que los bienes materiales no se conviertan en fuentes de maldad.
En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga».
Autor: [email protected] (Jorge Cabana)
Fecha de Publicación: martes, 10 de febrero del 2026
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