Miércoles 31 de Diciembre de 2025 – 9:25amLa renuncia de Lenis Molina Mendoza a la lista de la coalición SUMA (La U, Verde, MIRA y Nuevo Liberalismo) no es un simple trámite: es una ficha que se sale del tablero y obliga a recalcular. En esa reconfiguración, el Partido Liberal —con Pablo Acuña en el 103— amplía el margen para pelear una segunda credencial en el Magdalena.
Aún no se acaba el año 2025 y antes que suenen los pitos algunos celebran y otros preocupados lloran por los últimos acontecimientos políticos que acaban de suceder, los cuales reconfiguran el ajedrez político en el Magdalena de cara a las elecciones a la Cámara de Representantes.
La escena —contada en voz baja entre cafeterías, chats y pasillos— tiene algo de postal decembrina: un vendedor de limonada suelta un “¡se desató el infierno!” cuando ve entrar al Nuevo Liberalismo a la Registraduría. La frase suena a chisme, pero en realidad describe el instante exacto en que una campaña entiende que el cierre de año no trae solo brindis, sino movimientos que cambian el ritmo de la contienda. Y el movimiento que sacudió el tablero llegó con sello y firma: Lenis Molina Mendoza radicó su renuncia a la candidatura a la Cámara por el Magdalena, dentro del esquema de coalición en el que estaba inscrito, dejando sin efecto su aspiración.
En política, una renuncia no es solo un nombre que se baja: es una señal que activa conversaciones simultáneas. Por un lado, la conversación jurídica y de procedimiento —los acuerdos internos, las reglas de reemplazo, los tiempos—, y por el otro, la conversación real: la electoral, la que se mide en confianza territorial y en “quién se ve firme” cuando el rival entra en modo negociación. El asunto se vuelve más sensible porque la salida ocurre en una coalición que venía vendiendo unidad como principal activo: SUMA había inscrito una lista de cinco con Hernando Guida como cabeza, acompañada por Lenis Molina, Yolinda Gonzales, Katherine Guerrero y José Galo Campo.
Y justo ahí, es donde el foco cambia de “qué pasó” a “quién capitaliza”. La respuesta de cierre de año tiene un nombre que viene creciendo con una particularidad incómoda para la política de las viejas casas políticas: no depende de un apellido con historia política ni de una silla heredada, sino del trabajo, movidas para sumar y sostener un relato propio. Pablo Acuña, el 103 del Partido Liberal, termina beneficiado porque este tipo de remezones hacen que el mercado político se vuelva pragmático: líderes y sectores que necesitan certezas empiezan a mirar dónde hay orden, dirección y capacidad de competir sin estar apagando incendios.
El Liberalismo, además, llega a este punto del calendario con una lista clara y reconocible. No es un dato menor: mientras otras estructuras gastan energía explicando vacíos o acomodando piezas, el liberalismo aparece con nómina cerrada y voto preferente, encabezada por Kelyn Johana González Duarte, seguida por Marly Esther Molina Álvarez; y luego Pablo José Acuña Herrera, Ingrid Johana Aguirre Juvinao y Jorge Eliécer Serrano Casalins. Ese orden, en lista preferente, no solo organiza: también permite que el crecimiento se mida con nitidez, candidato por candidato, sin depender de un solo “dueño” de la lista.
Aquí es donde el análisis se vuelve interesante: cuando una coalición entra en fase de ajuste, pierde tiempo de campaña en coordinación interna; y cuando pierde tiempo, pierde calle. En contraste, un candidato que ya venía en movimiento y que no necesita renegociar su lugar en el tablero tiene una ventaja de oro: puede convertir la conversación de fin de año —la que está llena de incertidumbre ajena— en certeza propia. Eso es exactamente lo que viene haciendo Acuña: moverse como se mueven los que entienden que la política no se gana solo en tarima, sino en red, en territorio y en percepción de fuerza.
Por eso, la importancia del momento no es únicamente la renuncia en sí, sino el efecto dominó: se reinstala el debate por la Cámara, se recalculan probabilidades y se reactiva el “mercado” de apoyos. En esa recomposición, toma fuerza la premisa sobre la posibilidad de que el Liberalismo no se quede con una sola credencial, sino que empuje por una segunda. Y si el partido continúa ampliando su caudal como lo viene haciendo, el 103 queda naturalmente en el centro de la conversación, porque es el rostro que mejor encarna el relato de “crecimiento” y “renovación política” dentro de una lista que hoy es la más sólida.
Lo que más marca a Pablo Acuña en este cierre de 2025 es que su fortaleza no se explica únicamente por un hecho externo, sino por cómo lo aprovecha. La coyuntura no crea candidaturas: las revela. Y lo que revela es un joven —en edad y en la política— que está ejecutando movidas que lo fortalecen cada día: suma sin estridencias, gana terreno sin pedir permiso y obliga a los experimentados a mirarlo como un competidor real, no como una promesa a futuro. Esa es la incomodidad para varias casas tradicionales: que el tablero ya no se juega en automático.
Al final, el balance de fin de año deja una conclusión simple: mientras algunos cierran 2025 justificando reacomodos, Pablo Acuña lo cierra fortalecido y proyectándose como una de las candidaturas que más fuerte se muestra en el departamento. No porque el camino esté “regalado”, sino porque en política el que termina el año con orden, narrativa y movimiento suele arrancar el siguiente con ventaja. Y en este ajedrez, llegar a enero creciendo —y no explicando— vale más de lo que muchos creen.
Pablo acuñaCámara de RepresentantescandidaturaPartido Liberalla samariaEl liberalismo consolida fuerzas para determinar una presencia fuerte en el Congreso de la República. Aspirante a la Cámara, Pablo Acuña, encabezó entrega de regalos en Zona BananeraVisible: Sívanessaredondo
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Fecha de Publicación: martes, 30 de diciembre del 2025