Con el inicio de las actividades académicas, los padres de familia se preparan también para el ´dolor´ de cabeza que representan para ellos los útiles escolares. Es evidente el alza que han tenido, libretas, libros y herramientas pedagógicas, que oscilan entre el 15 y 25%. Por ello piden que desde la Secretaría de Educación del Distrito se tomen las medidas conducentes a evitar los excesos y abusos con los precios de los artículos escolares./MONTYNER ALVIS/ARCHIVO
Santa Marta vuelve a escuchar el sonido más importante para cualquier sociedad que quiera llamarse viva: el murmullo de los estudiantes regresando a clase. No es el estruendo del turismo ni el bullicio del comercio; es otro ruido, más silencioso pero más profundo, el de cerca de 85 mil niños, niñas y jóvenes que retornan a las aulas de los colegios públicos del Distrito, cargando morrales, sueños, cuadernos nuevos y también viejas incertidumbres.
El calendario escolar se activa y con él se pone en marcha una maquinaria social que nunca debería detenerse. Las puertas de los colegios se abren, los tableros esperan tiza o marcador, los pupitres vuelven a alinearse, y los patios, todavía vacíos en muchos planteles, aguardan la algarabía que los justifica. Santa Marta entra oficialmente en modo futuro.
MATRÍCULAS ABIERTAS, Y AULAS INCOMPLETAS
Aunque el año lectivo ya arrancó, el proceso de matrículas aún no ha terminado. Las instituciones educativas oficiales siguen con las puertas abiertas para recibir a los estudiantes que todavía no han sido inscritos. El llamado es directo y urgente: los padres de familia deben llevar a sus hijos a matricularse. No hay excusas que valgan cuando está en juego el derecho fundamental a la educación.

Las aulas están listas. Los colegios esperan. Los docentes han sido asignados. El sistema está preparado para recibirlos. Sin embargo, persiste una realidad que se repite cada inicio de clases: salones con sillas vacías no por falta de cupos, sino por desinformación, descuido o dificultades familiares que terminan postergando lo impostergable. Cada niño que no se matricula a tiempo es una oportunidad que se le roba al futuro de la ciudad.
INFRAESTRUCTURA: LA DEUDA HISTÓRICA
El regreso a clases también deja al desnudo una verdad incómoda. Si bien muchos colegios han sido adecuados y alistados para recibir a los estudiantes, otros siguen mostrando heridas abiertas que no se pueden maquillar con discursos.
Hay instituciones con techos deteriorados, filtraciones que amenazan cuadernos y computadores cada vez que llueve. Unidades sanitarias en mal estado que no garantizan condiciones dignas. Mobiliario escolar insuficiente o dañado, pupitres cojos, tableros vencidos por el tiempo. Infraestructura básica que clama por intervención urgente.
No se trata de exageraciones ni de alarmismo: son realidades que conocen estudiantes, docentes y padres de familia, especialmente en sectores populares del Distrito. El inicio de clases vuelve a poner sobre la mesa una deuda histórica con la educación pública: no basta con abrir colegios, hay que mantenerlos vivos y dignos.
CUMPLIR EL CALENDARIO
Los padres de familia, protagonistas silenciosos de este regreso a clases, tienen una expectativa clara y legítima: que se cumpla el calendario académico. Quieren ver a los maestros en las aulas, impartiendo conocimiento, orientando procesos, acompañando a los estudiantes en su formación integral.
El mensaje es respetuoso pero firme. Menos ocio forzado, menos interrupciones prolongadas, menos jornadas de protesta que, aunque nacen de reclamos válidos, terminan afectando siempre al mismo eslabón débil: los estudiantes. Cada día sin clase es un retroceso que no siempre se logra recuperar.
Los padres no piden milagros. Piden responsabilidad. Piden continuidad. Piden que el derecho a la educación no quede atrapado en disputas administrativas o sindicales que se resuelven lejos del aula, pero cuyos efectos caen directamente sobre los niños y jóvenes.

El regreso a clases no es un hecho aislado. Impacta la movilidad, el comercio, la dinámica barrial. Las rutas escolares se activan, los vendedores vuelven a apostarse cerca de los planteles, los barrios recuperan rutinas. La escuela organiza la vida de la ciudad más de lo que muchos admiten.
En Santa Marta, donde las brechas sociales son evidentes, el colegio público cumple un papel que va más allá de la enseñanza: es refugio, es comedor, es espacio de protección, es escenario de igualdad. Por eso, cada inicio de año escolar es también un examen para las autoridades, para la institucionalidad y para la sociedad en su conjunto.
Una oportunidad que no se puede desperdiciar
Con 85 mil estudiantes regresando a clase, Santa Marta tiene frente a sí una oportunidad inmensa. Invertir en educación no es un discurso bonito: es una necesidad urgente. Garantizar infraestructura adecuada, docentes comprometidos, continuidad académica y acompañamiento familiar es la única ruta para romper ciclos de pobreza y exclusión.
Las aulas están listas. Los colegios esperan. El llamado es claro: que ningún niño se quede por fuera, que ninguna institución sea olvidada, que ningún calendario se incumpla. Porque cada cuaderno abierto es una semilla, y cada clase dictada a tiempo es una apuesta por una ciudad más justa.

El regreso a clases ya empezó. Ahora le toca a Santa Marta estar a la altura de sus estudiantes.
LOS ÚTILES ESCOLARES
Con el inicio del año escolar se asoma el dolor de cabeza para los padres de familia sobre la compra de los útiles para sus hijos.
Con el inicio del calendario escolar, y aunque muchos padres apenas comienzan a realizar las compras de los útiles, en el centro comercial de Santa Marta ya se siente el movimiento propio de la temporada escolar.
Lo mismo ocurre en el Mercado Público donde hay una zona llamada ´El Segundazo´ donde se venden libros y útiles escolares usados, pero en buen estado.
Aunque en el ámbito nacional existe incertidumbre y muchas familias han optado por ajustar sus presupuestos debido al incremento en los precios de los útiles escolares, en la capital del Magdalena las alzas han sido moderadas, según los mismos padres de familia y comerciantes.
De hecho, según un sondeo hecho por nuestros periodistas en distintos sectores comerciales con presencia de papeleríasy servicios de educación en general, se tendrán un incremento al inicio de este año de entre el 5 % y el 10 %.
Algunos padres de familia han manifestado que en el sector céntrico de la ciudad los incrementos no han sido muy elevados. Lola Suárez indicó que algunos productos sí tienen leves incrementos. “Por eso decidimos venir hasta el Mercado buscando precios más bajos” en comparación con grandes almacenes o tiendas especializadas.
Otra ciudadana, Juana Ortiz, comentó: “No hay un incremento considerable; los cuadernos económicos, que son los que adquiero, tienen una diferencia pequeña frente al precio del año pasado, pero sí tiene alza´, señaló.
Por su parte, Juan de Dios Reatiga, manifestó que para esta temporada escolar debe invertir cerca de $600 mil en útiles y libros de texto para sus dos hijos, razón por la cual decidió hacer sus compras en el Mercado, en busca de precios más accesibles. “He encontrado valores acordes, sin incrementos muy altos, además en el segundazo hay buenos precios´, anotó