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Samarios honraron a sus seres queridos fallecidos

Desde muy temprano, los samarios y
magdalenenses se acercaron a los cementerios para honrar a los fieles difuntos
como es la tradición todos los 2 de noviembre. / Fotos MONTINER ALVIS 

Simbólicamente honrar a los fieles difuntos
llevando flores a sus tumbas y ofreciéndoles oraciones es una forma de expresar
que ellos viven en nuestros corazones.

Desde muy temprano y con la compañía de un
cielo nublado en gran parte de la capital del departamento del Magdalena, los
fieles católicos honraron este 2 de noviembre a sus seres queridos fallecidos.

Esta tradición sigue viva en Santa Marta y
en todo Colombia, porque, aunque nuestros seres queridos ya no estén en este
plano terrenal, ellos viven en nuestros recuerdos y corazones.

Así que la tradición se vivió en los
diferentes cementerios de la ciudad, donde muchas personas se dispusieron a
limpiar las tumbas, otros procedieron a llevar flores y los más, religiosos
encomendaron a sus difuntos a Dios Padre con sus oraciones y santos rosarios.

También un gran número de fieles creyentes
participaron de la Santa Eucaristía en su memoria.

De esta manera los samarios honraron a sus
fieles difuntos sin perder la esperanza de un encuentro con ellos en la
eternidad.

La Santa Madre Iglesia, después de su
solicitud en celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos
bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de
cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la
resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe
sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a
los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna.

La tradición de rezar por los difuntos se
remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde ya se honraba su
recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por ellos.

Con las buenas obras y la oración se puede
ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón para poder participar de la
gloria de Dios.

MENSAJE DEL PAPA

En su homilía, ante centenares de fieles y
religiosos, el Papa León XIV recordó que la fe se alimenta con la Palabra y con
la “confianza en las manos de Dios”, “manos capaces de custodiar el alma de los
justos” y promesa de salvación para que, a los fieles difuntos, como dice el
Libro de la Sabiduría, “ningún tormento les tocará”.

“Que sus manos paternas y seguras los
custodien por toda la eternidad, para que puedan disfrutar plenamente de esa
unión recíproca y vital que el Señor promete a su pueblo en el Libro del
Apocalipsis: «Ellos serán su pueblo y él será Dios con ellos, su Dios» (Ap
21,3).

Al centrarse en el Evangelio de este lunes,
que propone las Bienaventuranzas “camino hacia la vida plena, ahora y por toda
la eternidad”, el Santo Padre destacó que ellas son como un “autorretrato” que
Jesús pone en manos de sus discípulos, es el “Señor Resucitado quien nos
habla”.

Un anuncio de salvación que, para el
Pontífice resuena con mayor fuerza en un cementerio, “que es como un umbral
entre este mundo y el más allá, entre la existencia terrenal y el más allá que
nos espera”.

En particular, el Papa destaca de entre las
ocho Bienaventuranzas del Evangelio de Mateo la que reza: «Bienaventurados
los que lloran, porque ellos serán consolados». Y con ella su exhortación
a la paz:

“En este momento queremos rezar por todos
aquellos que han perdido recientemente a un ser querido; en particular, por
aquellos a quienes la absurda violencia de la guerra se lo ha arrebatado. ¡Que
las lágrimas de tantas madres, niños y ancianos conmuevan las conciencias de
quienes tienen el poder de hacer callar las armas!”.

EL VÍNCULO QUE NO SE  ROMPE, SE TRANSFORMA

Al concluir su homilía, el Papa León XIV
destacó que “la fe en Cristo nos dice que nuestro vínculo con los fieles
difuntos no se rompe, sino que se transforma”.

Una transformación que se acompaña con la
oración de sufragio por nuestros seres queridos hacia la plena comunión con el
Señor, la misma comunión anticipamos en la Eucaristía.

“Animados por esta fe llena de esperanza, continuamos
nuestro camino terrenal, a la espera del día en que Él enjugará toda lágrima,
cuando «ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque las
primeras cosas han pasado» (Ap 21,4).

LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS

Las vidas de los santos –de todos los
santos: los conocidos y los anónimos, los santos de los altares y del pueblo- y
su presencia tan viva y tan real entre nosotros a pesar de haber fallecido,
corroboran el dogma central del cristianismo que es la resurrección de la carne
y la vida del mundo futuro, a imagen de Jesucristo, muerto y resucitado.

Por ello, el Día de los Fieles Difuntos es
ocasión para reflexionar sobre la vida, para hallar su verdadera sabiduría que
Dios ama y salva.

El Día de los Fieles Difuntos es igualmente
tiempo para recordar a los seres queridos fallecidos y para dar gracias a Dios
por ellos; para comprobar que somos lo que somos gracias, en alguna medida, a
ellos; que ellos interceden desde el cielo por nosotros.