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Santa Marta se unió en una jornada de oración por la fe y la esperanza

La Alcaldía
Distrital de Santa Marta, a través de la Secretaría de Gobierno y su Programa
de Asuntos Religiosos, realizó una jornada con el propósito de fortalecer la
fe, promover la unión entre las comunidades religiosas y generar espacios de
esperanza, solidaridad y acompañamiento.

El
encuentro también tuvo un momento especial de recogimiento en memoria de la
pastora Adriana Ortiz, integrante de la comunidad judío mesiánica y vinculada
al Programa de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobierno, quien falleció
junto a su hija Verónica y su nieto Noan en el incendio ocurrido el pasado
sábado en el barrio Santa Cruz. Los asistentes elevaron oraciones por el eterno
descanso de sus almas y por la fortaleza de sus familiares y seres queridos.

La
actividad se desarrolló como parte de las acciones que adelanta la
administración distrital para promover la libertad religiosa, el respeto por
las diferentes creencias y la integración de las comunidades de fe,
reconociendo su aporte a la convivencia y al fortalecimiento del tejido social.

La
secretaria de Gobierno, Luz Alejandra Duarte Rivas, destacó la importancia de
estos espacios de integración y explicó que la convocatoria hacía parte de un
proceso que se venía trabajando desde tiempo atrás, pero que, ante la tragedia
ocurrida en Santa Cruz, adquirió un significado especial.

 “Desde
la Secretaría de Gobierno contamos con el Programa de Asuntos Religiosos, por
lo cual quisimos hacer esta convocatoria. No solamente por el suceso del sábado,
que fue el llamado que nos convoca, sino porque realmente esta jornada se viene
gestionando desde hace tiempo. Esperamos que próximamente sea mucho más
grande”, precisó la funcionaria.

Con esta
jornada, la administración distrital reafirma su compromiso con el
reconocimiento de la diversidad religiosa, el fortalecimiento del diálogo entre
las comunidades de fe y la generación de escenarios de participación, unión y
convivencia ciudadana.

El
encuentro dejó un mensaje de esperanza, fraternidad y solidaridad, recordando
que la fe también puede convertirse en un refugio colectivo y una fuente de
fortaleza en los momentos de mayor dolor.