Por
GIULIANA
MANCUSO
Hablar de «escucha activa», o «escucha empática». Es adentrarnos en un tema que nos concierne a todos; y que nos permite comprender, cómo nuestra atención con relación a nuestra conciencia, juegan un papel fundamental en la dinámica comunicacional, y en consecuencia, la calidad de la misma en la interrelación con los demás.
Partir de esta premisa es importante, porque siendo la atención, una parte muy importante de nuestras capacidades cognitivas. Es la que define que exista o no, una escucha y atención empática en la comunicación.
La palabra concentración nos sugiere que: «la conciencia está centrada en la acción». y reflexionar sobre este concepto nos permite comprender cómo la atención y la concentración, guardan una relación profunda y participan en cada área de nuestra vida, la calidad de nuestras actividades diarias, y no menos importante y vital, el acto de comunicarse.
La comunicación radica en nuestra posibilidad de expresarnos y transmitir nuestros pensamientos y emociones a través del lenguaje y sus diversas formas (verbales y no verbales). Pero también, en nuestra capacidad, disposición e intención por atender cuando otros transmiten sus pensamientos y emociones a través del mismo mecanismo, y es allí donde encontramos la participación de nuestra escucha.
Partiendo de allí, escuchar y oír cobran una relevancia importante de analizar para comprender mejor este concepto. Porque escuchamos cuando nuestra atención está puesta de forma voluntaria y consciente en función de atender, y tratar de adentrarnos en el mundo interior del otro, sus razones y sentimientos.
Al contrario de oír; en donde nuestra atención es pasiva, y carente de verdadero interés por atender en esencia el mensaje que nuestro emisor nos quiere transmitir. Así pues, escuchar y oír son muy diferentes y nos enseñan la diferencia que existe entre ambas formas de disposición.
Escuchar es una virtud a través de la cual nuestro saber se expresa, al igual que nuestra capacidad de transmitir de forma congruente y articulada nuestras ideas. Ambas exigen una atención bidireccional en función de observar el mundo interno y el mundo externo.
Podemos definir que no existe una atención activa o empática cuando:
Nos distraemos durante la conversación; interrumpimos al otro en la exposición de sus ideas; juzgamos y queremos imponer nuestras ideas. Ofrecer ayuda de manera prematura y con falta de información o comprensión del mensaje.
Así mismo, rechazar y no validar las emociones en los demás; descalificar al dar tu opinión; contar tu propia historia en vez de escuchar la suya; atender en busca de la controversia, la discusión y la disputa de ideas. Como algunos ejemplos de la inactividad en la atención.
Así pues, la «escucha activa». Es una parte fundamental en la dinámica de la auto-observación y el auto-descubrimento. Podemos a través del ejercicio y el esfuerzo por llevarla a nuestra vida, hacer descubrimientos importantes con relación con nuestra distracción y falta de empatía a la hora de comunicarnos y relacionarnos con los demás. Dicha atención, potencia nuestra capacidad empática, mejora nuestra comunicación, y nos hace personas más sabias y contemplativas a la hora de comunicarnos, fomentando un terreno de conversaciones más sanas, comprensivas, respetuosas y recíprocas en cuanto a atención se refiere.